viernes, 4 de marzo de 2011

Catundra

La cabaña estaba en tan malas condiciones que ninguna de las criaturas del bosque hubiera vivido en tal sitio. Ninguna, excepto una arrapieza gata gorda llamada Catundra. Ella vivía allí porque era el único lugar en donde podía ocultarse de los otros animales que se burlaban y reían de ella.

Como verás, Catundra siempre había sido rechoncha; de hecho, se podría decir que era gorda.

Desde el amanecer hasta el anochecer, siempre que las otras criaturas del bosque pasaban por la vieja cabaña, riéndose, le gritaban: "¡Catundra es una gata gorda, gorda!", otras veces se mofaban de ella diciendo: "Más vale que huyamos porque la gorda de Catundra puede tropezar y caer sobre nosotros!" Entonces, después de repetir sus molestos comentarios, se internaban en el bosque entre carcajadas.

La pobre Catundra se apenaba tanto después de estos insultos que deseaba hacer algo para olvidar lo que le habían dicho y por eso comía más y más. Mientras más comía se ponía un poquito más gorda, lo que hacía que se sintiera peor y comiera más todavía.

Todos los días pasaba lo mismo, hasta que Catundra se puso tan gorda que apenas si podía caminar.

Sucedió un día que Catundra ya no pudo encontrar nada para comer. Buscó en su lugar favorito para atrapar ratones pero todos se habían ido. Se acercó al arroyo pero los peces también se habían marchado.

"¡Oh!, ¿qué haré?" lloraba. "Tengo hambre y soy desdichada. Si no fuera tan infeliz no tendría tanta hambre."

Entonces Catundra vio, justo en frente de su nariz, un montón de tierra que parecía moverse. Ella acechaba inclinando la cabeza cuando el montón de tierra se sacudió otra vez, se oyeron dos estornudos y apareció un pequeño topo de apariencia conmovedora.

Con lentitud el topo sacudió la tierra de sus orejas, frotó sus ojos cuidadosamente, miró a su alrededor "¡Qué extraño!" dijo, "el cielo esta despejado, pero sobre mí hay una sombra ¡Hmmm!"

Volteó a ver qué era lo que causaba la sombra y se encontró con una Catundra muy hambrienta. Diciendo "¡Uf!" y "¡con permiso!" se precipitó nuevamente a su escondrijo. Apenas había metido la cabeza en el hoyo, cuando Catundra, con un lento movimiento de su pata, atrapó al indefenso topo por la cola.

Con lágrimas en sus ojos, Catundra levantó cuidadosamente al topo y emprendió su regreso a la cabaña para disfrutar su triste comida.

"¿Me vas a comer?", preguntó el topo.

"¡Sí!", sollozó Catundra.

El topo pensó durante un instante y después preguntó:

"¿Por qué a mí? apenas soy un bocado, mi piel está llena de mugre y probablemente te sepa mal. Seguramente hay algo mejor para comer que yo"

"Te voy a comer a ti", sollozaba Catundra, "no porque seas sabroso, sino porque no hay nada más que comer y yo tengo que comer porque me siento muy desdichada".

"¡Espera un minuto!", dijo el topo con indignación, conforme caía de golpe "¿Por qué te sientes tan desdichada?"

Catundra decidió contarle toda la historia de cómo engordó un poquito cuando era pequeña y cómo los otros gatos se reían y mofaban de ella. Continuó contándole cómo había huido a esta cabaña, pero no acababa de llegar cuando las otras criaturas del bosque también se empezaron a burlar de ella. "Ya vez, pequeño topo, lo único que me hace feliz es comer."

Fue en ese momento que al topo se le ocurrió un plan fantástico. "Gata", le dijo, "lo estás haciendo todo mal. En vez de comer, deberías ponerte a dieta para estar en forma, nadie se burlará de ti, y si nadie se burla de ti, no serás desdichada y si no eres desdichada no tendrás ganas de comer."

Catundra miró al topo y pensó y pensó. "Quizás, pequeño topo, tengas razón. Pero tú me vas a ayudar y si te equivocas, yo te comeré después."

Así, al comienzo de ese mismo día, Catundra empezó a hacer ejercicio con el pequeño topo. Él la hacía correr un poco, luego la paraba y dejaba que descansara. Después, cuando había recobrado la respiración y descansado bien, la hacía correr un poco más, diciéndole siempre lo delgada y bonita que estaría.

Catundra estuvo haciendo ejercicio durante días y días. Lentamente, pero con seguridad, estaba bajando de peso. De vez en cuando alguna de las criaturas del bosque se detenía a importunarla, pero el pequeño topo las ahuyentaba y recordaba a Catundra que pronto no tendrían motivo para burlarse de ella.

Una que otra vez Catundra sentía intensos deseos de comer, pero el pequeño topo sabiamente la dejaba comer algunas verduras frescas. También alguna vez le permitía atrapar una pequeña carpa del arroyo tan solo para que no se debilitara.

Para entonces Catundra había bajado tanto de peso que el pequeño topo tenía que aferrarse a su cuello mientras ella corría por la cabaña. Trepaba por los árboles tan alto y rápido como podía y después volvía a bajar alegremente. Podía saltar más alto que nunca antes, y lo más sorprendente era que ya no se sentía triste ni abatida.

Pero lo más importante: las otras criaturas del bosque ya no la molestaban porque había adelgazado tanto que se había convertido en la gata más preciosa que ellos habían visto.

Y así sucedió que en cualquier hermosa mañana de verano podía verse a Catundra tomando felizmente el sol, con el pequeño topo profundamente dormido, recargado en su rodilla.

5 comentarios:

  1. q gran libro lo leei a los 5 años ahora tngo 23 y biene mi primer bebe y aun me gusta y cuando se lo leeo en el bientre de mi esposa mi hijo se mueve mucho le gusta al igual que a mi q maravilloso cuento

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  2. Awww que alegría que me da leer eso!!! :D Enjoy! :)

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  3. woooow que alegria es volver a leerlo, de casualidad tendras los demas? no he podido conseguirlos en ningun lado u.u

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  4. Este libro es horrible. Enseña que hay que se delgado y adelgazar para gustar a los demás de en vez de amarse a uno mismo. Desde luego no todos los libros pueden considerarse cultura.

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  5. Este cuento lo leí a los 10 años, y fue de gran inspiración para mí, para mantenerme activa y ayudar a las personas deprimidas. Me da gusto encontrarlo de nuevo.

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